viernes, 19 de enero de 2018

vamos de paseo...


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que barbaridad , lo que hay que ver...



Un  vino  español  de  340.000 euros , es el más caro del mundo...



Se trata de una edición especial de AurumRed y su botella es obra del artista Alberto Rodríguez Serrano



AurumRed es el vino más caro del mundo y se fabrica en España, concretamente en la localidad conquense de Las Pedroñeras. Este año el precio de su edición oro se ha disparado desde los 17.000 a los 25.000 euros. El viticultor hace una pausa mientras habla del valor de su producto, se echa las manos a la cabeza y confiesa: «no quiero pensar en cuánto se pagará mi próximo proyecto». Se refiere una edición especial que saldrá a la venta durante las próximas semanas, «si todo va como esperamos, para Reyes saldrá al mercado», confiesa. La obra aunará arte y vino y su precio será de 340.000 euros.



Botella de la próxima edición limitada«Doce de los mejores artistas contemporáneos del mundo están trabajando para mí, queremos fusionar vino y arte. La primera de las piezas ya está terminada y es obra de un artista español que será el próximo Miguel Ángel», augura García. Se refiere a Alberto Rodríguez Serrano, una joven promesa de la pintura. Presume de ser el único artista, junto con el pintor de la Capilla Sixtina, que expuso en la Accademia di Belle Arti di Firenze.
En cuanto Hilario García entró en contacto con la obra de Rodríguez Serrano no dudó en poner en sus manos la vasija en la que el autor imprimió su creatividad: «su obra me fascinó, se le conocerá internacionalmente, el Vaticano ha comprado una obra suya», cuenta García. El producto de esta unión es un carísimo ejemplar que contendrá 16 litros de su edición oro.
Según el viticultor, este será el primero de varios proyectos en los que arte y vino se integrarán en una misma obra: «esta botella es la primera de las piezas terminadas, pero habrá más. El vino cabrá en todo tipo de manifestaciones artísticas».


Un producto único...

«Es caro porque el propio mercado así lo ha decidido, hay gente dispuesta a pagarlo porque les aporta sensaciones que no encuentran en ningún otro producto del mundo», explica Hilario García, creador de AurumRed.
El tempranillo de Las Pedroñeras tiene una particularidad: sus matices cambian dependiendo de la dirección que tome el giro del vaso antes de beber. García recomienda que la copa se vuelque en el sentido de las agujas del reloj, en cuyo aroma se perciben pan de higos, brevas y algunas notas especiadas. Asegura que su sabor es más alcohólico, más maduro, más ancho y menos largo. El sentido opuesto, sin embargo, tiene «más finura y elegancia» y un aroma en el que predominan las frutas pequeñas, el cacao y los cassis.
Quienes probaron los caldos de la bodega de Las Pedroñeras aseguran que el vino no se avinagra una vez abierto, sino que mejora su sabor según pasan los meses y los años.
Hilario García defiende que su vino almacena todos los sabores en un trago. Una idea que lo obsesionó desde la mañana en la que se propuso «separar todos sus matices y encontrar la manera de mezclarlos todos de forma natural sin que lleguen a anularse». Cuenta los detalles de su creación como un padre orgulloso habla de los logros de su retoño: «¿Has estado alguna vez enamorada? ¿Qué has notado? Todas las cosas del mundo juntas, ¿verdad? Esos son mis sentimientos cuando pruebo el fruto de mi trabajo».


Nacido de la adversidad...

«La vida me dio momentos muy complicados, entre ellos una enfermedad que me postró en la cama», confiesa García. Antes de la enfermedad, el empresario gestionaba una asesoría fiscal. Después de varias operaciones decidió enfrentarse a un tratamiento experimental con ozono

, su tabla de salvación. Tras la cura, comenzó a investigar los beneficios del ozono tanto en medicina como en veterinaria, y llegó a la conclusión de que podría aplicarse también a las vides.
Esta sustancia, según el viticultor, elimina las bacterias y hongos que aminoran la efectividad de la planta y que le impiden desarrollarse al 100%: «Si una planta crece sin enemigos que retrasen su crecimiento e influyan en su calidad va a dar lo máximo de sí misma».
Sólo se producen 300 botellas al año de AurumRed edición oro, y la mitad de ellas se quedan encerradas en la bodega durante años. El empresario asegura que esta operación es una garantía para sus clientes, «para tener una botelle específica siempre que se la pidan». Recuerda con especial cariño a los clientes que brindaron con su vino en la pedida: «Siempre me dicen entre risas que el mérito de que el matrimonio prosperase fue del vino»...

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concurso de carteles...


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miércoles, 17 de enero de 2018

La tortilla de patata gusta a todos...


Desde hace cuatro años

Lola, el ave que pide tapa de tortilla (cada día) en un bar de A Coruña...

  • No es tonta. Sabe dónde está la mejor”, explica un cliente del café bar Pontejos a La Opinión A Coruña

Lola, el ave que pide tapa de tortilla (cada día) en un bar de A Coruña
Lola, posada sobre el mostrador del café bar (La Opinión A Coruña)


El pájaro no es un animal que el ser humano tenga por mejor amigo. Sin embargo, en la barra del café bar Pontejos (A Coruña), una lavandeira es cliente habitual. A diferencia del resto de parroquianos, Lola, que es el nombre que han puesto al ave, se come su trozo de tortilla sin tener que pagar ni dejar propina.
Javier, uno de los propietarios del local y el cocinero del plato estrella, la tortilla de patatas, ha explicado a La Opinión A Coruña que “viene varias veces durante la mañana, desde las nueve hasta las dos y media o así, cuando hay tortilla”.
Lola solo consume tortilla en el bar
Es tal la pasión de esta lavandeira por la tortilla, que el pan “ni lo toca”. Según Javier, el pájaro empezó a visitarles hace cuatro años. Al principio, “le tirábamos trocitos de comida a lo lejos”. Tanta amabilidad permitió al ave coger confianza y ahora ya se posa sobre el mostrador.
Aquellos que comparten el momento del café con Lola no se sorprenden de verla volar y comer encima del mostrador, pero los que llegan al bar por primera vez, alucinan con su entrada y que el camarero le ponga “lo de siempre”. Y es que se trata de un ave que no destaca especialmente por su docilidad.

Los clientes habituales están acostumbrados a las visitas diarias de Lola
De hecho, el propio Javier cuenta que a veces, cuando está en la cocina atendiendo a las peticiones de los clientes y no se ha dado cuenta de que Lola ha llegado, algún cliente le exclama: “Javi, que tienes a Lola esperando, hombre”.
Tras verla durante tanto tiempo y convertirse en una más, investigaron por Internet y averiguaron que no era un pájaro hembra, sino macho. “Le puse Lola porque se llama así mi madre, mi hermana y mi mujer, estoy rodeado de Lolas por todas partes”. Pese al descubrimiento y la insistencia de cambiarle de nombre y llamarlo Lolo, Javier insiste en que seguirá siendo Lola...

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hay días para todo...



 Ayer fue el día de la croqueta...

Ya lo veis, tenemos días para  todo...


Nacida en Francia y perfeccionada en España: la sabrosa historia de la croqueta...

Crujiente, deliciosa, entrañable… La croqueta lo tiene todo, incluso un día internacional que se celebró ayer. ¡Honrémosla como se merece descubriendo su historia! y todo sin conocer esta gente las croquetas de los Popes de Cadalso en Casa López, que para mí son muy buenas...




“Las croquetas deberían tener hueso, para que pudiésemos llevar la cuenta de las que comemos”. Esta frase tan lucida no es mía —ya me gustaría— sino del gran Ramón Gómez de la Serna, pero sirve para ilustrar gráficamente la devoción que sentimos los españoles por estos fritos celestiales. El famoso autor de las greguerías fue uno de esos admiradores incondicionales y en su biografía Automoribundia (1948) se lamentaba de cómo siendo pequeño las daba por sentadas y hasta se cansaba de ellas: “¡Otra vez croquetas! — solía gritar protestativo, sin saber que una croqueta leal y modesta es el huevo vital de la simpática y cómoda sociedad burguesa, y que debía prorrumpir en exaltaciones de gozo al comérmela”.

Ay, lo que hubiera dado don Ramón por probar en el exilio una de las croquetas de su madre, y lo que daríamos todos nosotros —un brazo, un riñón, media vida— por volver a comer una croqueta materna. Esnif. Las de tal sitio están bien, y las de allá dicen que son las mejores; tu suegra las hace con todo el cariño y tú llevas años intentando perfeccionar la receta: todo en vano. La dichosa magdalena de Proust no es nada comparada con tus crujientes recuerdos, pero tienes que aceptar de una vez que el santo grial croquetero, la idea platónica de la croqueta perfecta está en tu memoria más que en tus manos y seguramente no volverá. Cuando te enjugues las lágrimas y te hagas a la idea de que LA croqueta está fuera de tu alcance, podrás disfrutar de una vida llena de croquetas buenísimas al 98%. Como las de Carme Ruscalleda, cuya receta salió triunfadora en un duelo de fritura sin igual perpetrado recientemente en este portal.

A malas, siempre puedes suspirar por aquellas croquetas de tu infancia y por su secreto inexplicable. Rendirles honores, contar a todo el mundo lo buenas que estaban y de paso aprender un poco sobre su origen e historia, que nunca viene mal. Sobre todo cuando  es el Día Internacional de la Croqueta. Así todo en mayúsculas, porque ella lo vale. Ahora que cualquier chorrada tiene su correspondiente jornada mundial, es de agradecer que haya una dedicada a la exaltación croquetera porque las croquetas se pueden hacer de todo y en cualquier momento, pero no está de más ponerles un altar de vez en cuando.

FRANCIA Y SU COQUETA CROQUETTE

Casi todos sabemos que “croqueta” viene del verbo francés croquer (crujir) y de su variante femenina en diminutivo croquette (lo que viene a ser “crujientita”). A partir de ahí hay un poco de lío porque en algunos sitios pone que se inventaron en el siglo XIX, en otros que si fue el cocinero del rey Luis XIV… Lo cierto es que son bastante más antiguas de lo que se piensa, ya que la primera receta es de 1691. Ese año se publicó el recetario Le cuisinier roial et bourgeois (el cocinero cortesano y burgués) de François Massialot, célebre chef franchute y cocinero por ejemplo de duque de Orleans, pero él las llamaba “croquets” y eran bastante distintas a lo que ahora entendemos por una croqueta como dios manda. Estaban empanadas y fritas, sí, pero eran bolitas de una especie de farsa o picadillo a base de carne, huevo, trufa y hierbas. Esta masa se redondeaba con las manos en distintos tamaños —desde el de un huevo hasta el de una nuez—, se pasaba por huevo y pan rallado, se freía y chimpún. Voilà croquets!




Las 'croquets' de Massialot. LE CUISINER ROIAL ET BOURGEOIS, 1691
 Poco después empezó a utilizarse la palabra croquette y así se quedó, pasando a nuestro idioma también en femenino.
¿PERO LAS CROQUETAS NO SON DE BECHAMEL?
Pues ahora sí, alma cándida, pero allá a finales del siglo XVII la bechamel aún no se había inventado o, por lo menos, no se llamaba así. Fruto de otro mito culinario de ésos que tanto nos repatean aquí, se suele dar por bueno que la bechamel la creó el gran cocinero galo Pierre de la Varenne y que viene en su libro Le Cuisinier françois (1651), pero en realidad no aparece por ningún lado una receta —ni parecida ni con ese nombre— hasta el año 1733. Y encima, en un recetario escrito en inglés, para que rabien nuestros vecinos del norte.
El francés Vincent la Chapelle, jefe de cocina del conde de Chesterfield, escribió en lengua inglesa The modern cook (1733), donde asoma la patita una receta de “turbots à la Bechameille” o rodaballo con una salsa hecha de mantequilla, hierbas, harina y leche. ¿Y por qué se llama así? Pues porque entonces los cocineros eran muy peloteros y solían bautizar sus nuevos platos en honor a sus señores. Louis de Béchameil (1630-1703), marqués de Nointel y maestresala del rey francés Luis XIV seguramente no se metió jamás en la cocina y menos para salsear, pero tuvo la suerte de que usaran su nombre para una de las preparaciones más famosas de la gastronomía. Así lo contaba la aristócrata Renée de Froulay en sus memorias: “Es afortunado ese pequeño Béchameil […] yo hacía servir carne de ave con crema cocida veinte años antes de que él viniera al mundo y nunca he tenido la suerte de poder dar mi nombre a la menor salsa”.
La bechamel triunfó como los Chichos a finales del siglo XVIII y fue entonces cuando los cocineros franceses comenzaron a usarla como base para las croquetas.
LAS CROQUETAS ESPAÑOLIZADAS
Allá durante la Guerra de Independencia, con medio país afrancesado y otro medio revolucionado, ya se comían croquetas en España. “Un frito de croquetas”, así tal cual, aparece en la minuta de una cena ofrecida en 1812 a las tropas inglesas que venían a liberarnos de Napoléon. También las conocía Leandro de Moratín, que en 1819 recomienda a un amigo que se deje de preocupaciones y se dedique a hincar el diente en “ricas croquetas”. No sabemos de qué eran, pero lo más probable es que se parecieran más a las croquets de Massialot que a las actuales de jamón.
La primera receta española de croquetas es un poco loca y os va a dejar con el culo torcido: fueron unas croquetas de arroz pensada como postre. Se incluyeron en un libro de cocina de 1830 con el curioso título de Manual de la criada económica y de las madres de familias que desean enseñar a sus hijas lo necesario para el gobierno de su casa. Hechas de arroz con leche, se empanaban dos veces y se freían.




Así eran las croquetas en 1830. MANUAL DE LA CRIADA ECONÓMICA Y DE LAS MADRES DE FAMILIAS
Se ve que a partir de ese momento las croquetas ganaron popularidad, porque a mediados del siglo XIX ya había recetas en español para hacer croquetas de ave, conejo, ternera, cangrejos, salmón, merluza, langosta y patata. Un frenesí croquetero. Algunas se hacían a lo antiguo, con un simple picadillo, y otras con bechamel en plan moderno. En el Diccionario doméstico de 1866 ya aparecen dos de las variantes croqueteras más tradicionales en nuestro país: las de bacalao y las excelsas, las maravillosas croquetas de jamón. A tanto llegó el furor por estos fritos ibéricos que el escritor Juan Valera las ponía como ejemplo de la corrupción de la modernidad en su obra De la perversión moral de la España de nuestros días (1876):
Nunca me olvidaré de que cuando el ferrocarril de Andalucía no llegaba más que a Despeñaperros, había allí un fondín, donde los pasajeros descansaban y comían antes de tomar coches, caballos, mulos o diligencias. […] El fondista, no ya ventero, andaluz muy jaque, muy hablador y muy comunicativo, venía a hablar con los viajeros, solía sentarse a su lado sin ceremonia, en mangas de camisa y con el velludo pecho descubierto, y encomiaba siempre en términos hiperbólicos el buen trato que se daba en su casa. Pero cuando él se llenaba de entusiasmo; cuando apuraba toda su elocuencia; cuando se conocía la sinceridad fervorosa de su admiración, sin trastienda, sin recámara, sin propósito de dar valor a su establecimiento, sino por sentirlo así, era cuando hablaba de un plato que en ciertas ocasiones solía servir a sus huéspedes, hecho con pechuga de gallina, jamón, leche, harina de flor y nuez moscada. Nunca terminaba el encomio sin añadir, para ilustración de su atento auditorio, que el plato se llamaba croquetas”.




Señor con gazuza de croquetas. Grabado de 1804. WELLCOME COLLECTION
Si un paisano de Despeñaperros fardaba ya entonces de hacer las mejores croquetas de jamón, ¿cómo no vamos a aceptarlas como muy españolas y muchos españolas? A pesar de su origen gabacho aquí las hemos adoptado y mejorado, porque tal y como decía la gran Emilia Pardo Bazán en La cocina española moderna (1917), “las croquetas al aclimatarse a España han ganado mucho. La croqueta francesa es enorme, de forma de tapón de corcho, dura y sin gracia. Aquí al contrario, cuando las hacen bien, las croquetitas se deshacen en la boca de tan blandas y suaves”. Ahí está la clave, en hacerlas bien. A partir de ahí, sean croquetitas o croquetonas, cocretas o cocletas (palabras que por cierto, se dicen desde 1832), todo son gustos. Y para todos hay colores y una croqueta perfecta.
¿No te han entrado unas ganas locas de comerte doce de una sentada? ...

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domingo, 14 de enero de 2018

cuanto te recordamos...


La peseta...

Recordar a la peseta nos cuesta 1.600 millones de euros...

Publicado por Bankia 
 
Con la llegada del euro las pesetas dejaron de ser de curso legal en España y las que quedaban en circulación fueron poco a poco desapareciendo. Pero aún quedan 1.600 millones de euros en billetes y monedas de peseta que no han sido cambiados por euros. ¿Dónde están?
Desde 1868 había sido la moneda de curso legal en España y desde 1999 convivía con el euro. Pero el 19 de junio de 2001, la Real Casa de la Moneda dejó de fabricar pesetas. Desde entonces, las que quedasen en circulación han podido canjearse en euros sin problemas y así, poco a poco, ha ido reduciéndose la cifra de billetes y monedas de peseta que existían en la calle.

Pero ese ritmo se ha ido frenando a medida que han pasado los años y el informe que periódicamente publica el Banco de España al respecto deja como resultado una constante cifra de 1.600 millones de euros que siguen perdidos en el limbo de las pesetas, tal como indica El País.
Cada mes la cifra se reduce en apenas un millón de euros, principalmente  en  billetes  (apenas baja en monedas).
A ciencia cierta, nadie sabe dónde están. Pero, como señala ABC, se da por hecho que la mayor parte de ese dinero está olvidado, perdido o destruido: si alguien en 1987 decidió recurrir al viejo plan de guardar el dinero debajo del colchón y murió sin sacarlo de allí, lo más probable es que ese colchón y la funda en que estaba el dinero hayan ido a parar a algún vertedero y, tarde o temprano, destruido. O puede que siga allí sin que nadie sepa de su existencia.

La destrucción puede haber sido más fortuita: incendios, inundaciones y similares habrán acabado con billetes y monedas durante décadas hasta formar una pequeña montaña de dinero irrecuperable que nunca aparecerá.
Y si alguna vez has viajado a algún país con otra divisa sabrás que es casi imposible no volver con unas pocas monedas en el bolsillo, por más compras innecesarias que hagas en las tiendas del aeropuerto. Así que no sería de extrañar que los turistas que durante décadas visitaron España se fueran llevando pesetas que nunca llegarán a convertirse en euro. 


Las pesetas que siguen vivas...

Pero hay otra variable: el coleccionismo. Por un lado, el de particulares que, en el momento del cambio al euro, decidiesen guardarse unas pocas monedas y billetes por nostalgia. También están las pesetas que atesoran coleccionistas y anticuarios y que, por sus particularidades, tienen un valor numismático.
No es la única forma de vida que tienen hoy en día las pesetas, ya que pueden seguir utilizándose en algunos comercios que las aceptan como reclamo para atraer clientela que, de este modo, se ahorra el trámite de acudir a cambiarlas al Banco de España.
Es cierto que no son grandes cifras: la Praza de Abastos número uno de Ourense acumula cada seis meses unas 500.000 pesetas (3.000 euros) de los comerciantes que desde 2012 aceptan estos pagos, tal como relataba La Región. "Establecimos esta posibilidad de pago en pesetas hace unos cuatro años y ha funcionado muy bien, porque incluso nos ha traído gente que no solía comprar en el mercado", explicaba el gerente al diario gallego.


Este mismo motivo es el que arguyen los comercios que, de Vilanova i la Geltrú al madrileño mercado de la Cebada, han apostado por esta estrategia de marketing. Las ventas, por supuesto, no se disparan, pero puede lograr atraer a algunos compradores o generar una publicidad positiva, ya que los clientes lo comentan y los curiosos se acercan a preguntar.
Esta estrategia, sin embargo, tiene un punto y final a tres años vista: el plazo para canjear pesetas por euros en el Banco de España concluye a finales de 2020. 

 A partir de ese momento, los comercios ya no podrán cambiarlas y, por tanto, la larga historia de las pesetas llegará a su fin. Y es que, como ya hemos explicado otras veces en este blog, el dinero nunca muere, pero los billetes y las monedas sí... 



ver:


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viernes, 12 de enero de 2018

como cambia la vida...

 Los nacidos en los años cincuenta hemos conocido otra forma de vida....
 Cuando te llamaban de Madrid para hablar contigo ( osea con tus padres claro),te avisaban en persona a casa porque nadie tenía teléfono, con un papelito donde decía que tenias un aviso de conferencia para las 4 o 5 de la tarde para que estuvieras en teléfonos en la calle de la Iglesia a tal hora...
-Ahora todos los jóvenes tienen un móvil conectado a todas horas...


-No nos hacía falta llamar por el móvil a los amigos...




 No existían las sillitas para automoviles...
 Estábamos siempre en la calle después de la escuela...
Eramos una especie de atletas sin ir a clases de judo, natación, fútbol,etc..,

 No nos compraban Coca Colas ni refrescos no siendo para las Fiestas algún helado artesano del Tío Zoilo...
































Y nos hacían cantar y rezar en la escuela cada día y mas aun si nos marchábamos 15 días  a los campamentos...



Montábamos en borrico y disfrutamos ayudando en el campo...





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